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De Los 6 a Los 12

Desperté con su aliento sucio y su lengua dentro de mi boca y, no entendí nada, quedé paralizada, tenía apenas 6 añitos y lo quería y admiraba… era mi abuelo.

Esa noche, antes de irnos a la cama y con mi abuelo de visita, lloré desconsolada pues competíamos mis hermanos y yo por dormir con él, pues era la novedad, acababa de llegar de su pueblo y por dios ¡cómo lo queríamos!, era el único abuelo con quien contábamos y me enorgullecía presumirlo con mis primos maternos pues habían muerto los padres de mi madre y mi abuela paterna nunca tuvo muestras de querernos debido a una vieja historia de disputa entre ambas familias. Era mi héroe y el shock del abuso fue tremendo.

Luego del abuso, mi mente de niñita bloqueó el horrible evento y al día siguiente no recordaba nada y, al llegar la noche, el pidió que yo volviera a dormir con él y obvio no hubo objeción… yo no recordaba absolutamente nada, pero… cuando comenzó nuevamente el abuso, recordé de golpe lo sucedido la noche anterior. Mi mente no lo volvió a bloquear, debido tal vez, a que el abuso continuó por muchos años, hasta mis 12, con las amenazas que utilizan este tipo de hombres… me amenazaba con que sus hijas golpearían a mi madre y que además, nadie me creería, y por si no fuera suficiente, me torturaba con la advertencia de que haría lo mismo a mis hermanas (4) si yo hablaba o no accedía.

Al fin lo hablé con una tía, ella me ayudó a hablarlo con mi madre (yo no quería lastimarla) y, quiso denunciar pero mi padre se lo impidió, incluso él dijo que tal vez yo, de apenas seis añitos cuando inició todo ésto, lo había procado.

Ahora tengo 45 años, hice mi vida mas o menos normal, con algunos problemas para lograr aceptar que el padre de mis hijos me tocara en la intimidad y además jamás permitiendo que meta su lengua en mi boca al besarme, pero, creo que he manejado mas o menos bien mi vida.

Un día, hace unas semanas, pensando que lo tenía superado, pues hacía tantos años que había sucedido, quise abrirle mi corazón a mi única hija y le conté (tengo dos varones mas), pero, en ese momento, entre lágrimas y sollozos, me dí cuenta que no, que jamás podré sanarlo, que soy muy fuerte y he luchado sola por no revivirlo en mi mente pero, definitivamente será algo que llevaré para siempre conmigo, que la herida está ahí esperando a sangrar cada vez que la recuero, como en este momento, y, que dañó mi espíritu para siempre.

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